EDUCATION & COACHING EXPERIENCES

Un blog dedicado a la gente que le gusta el baloncesto y que se toma su tiempo para pensar estrategias para acercarse y actuar dentro del deporte.

dilluns, d’agost 28, 2006

¿POR QUÉ SIEMPRE ES MÁS FÁCIL QUE LOS ENTRENADORES CULPEN A LOS JUGADORES?

Title: “Why it is easier for coaches to blame the players?”
Abstract in English: As we stated in this blog before, some teachers and coaches try to develop a new framework of coaching. In the issue number 1083 of the sports weekly magazine Gigantes, a Javier Imbroda’s interview attracted my attention. Thee key point of the interview is how to manage a group of young talented players that played this summer for the under-20 team of Spain. In this article I try to analyze some of the ideas that Javier Imbroda carry with himself as a ‘mental model’ (Senge). Those ideas reinforce the discourse of the coach and play as the background of what he has called “a problem of attitude” of some players of the team and mostly of all young players.
Key words: mental model, new framework of coaching, education, talented players.

Me sorprendió leer en Gigantes nº 1083 una entrevista a Javier Imbroda donde se hartaba de criticar a algunos jóvenes jugadores españoles. Parece como si el foco de la noticia, de la entrevista, se centrase no en hablar del reciente campeonato, sino a justificar el paupérrimo papel de España (11º) a base de “poner verdes” a los jugadores. Después de quedarse a gusto, Imbroda anuncia su vuelta a los banquillos, después de sus labores como comentarista para TVE.

Imbroda se dedica a leerles la cartilla a algunos de los integrantes de la última Selección Sub-20 masculina, especialmente José Ángel Antelo y Alberto Aspe, que quedaron apartados del equipo durante el campeonato. Yo trataré de comentar algunos detalles que me parecen destacables del discurso de Imbroda, sin tener en cuenta más información que la que él mismo facilita en la citada entrevista. Desconozco si estos jugadores son difíciles, aunque yo diría que ya hoy no hay empresa fácil con jugadores jóvenes.

Para empezar, Imbroda sienta cátedra: “Para pertenecer a un equipo, además [de cualidades técnicas y físicas], hay que tener calidad humana. Su comportamiento dentro del equipo no era el adecuado. Sus faltas de actitud han sido gravísimas.” Me gustaría saber a qué tipo de actitudes se refiere Imbroda. Me pregunto: ¿puede que sean actitudes quizá sólo imprescindibles para el propio Imbroda? ¿Es indispensable el juicio moral del entrenador para acometer la tarea de coordinar un grupo deportivo? ¿O es preferible adoptar otro enfoque que no descalifique a las personas que forman parte del grupo?

Imbroda sigue en la brecha de juez implacable, un rol que al final acaba cansando, ya que supervisar y autorizar comportamientos es una tarea que desgasta. “La tarea de un entrenador es sacar el máximo rendimiento posible del jugador, aunque sea indolente y egoísta.” Con la primer parte de la frase estoy de acuerdo, pero yo la continuaría: “siempre y cuando el jugador se decida a poner ese empeño”. Es una diferencia considerable.

Este primer fragmento es muy representativo del marco de análisis de Imbroda, del “modelo mental” con que el exitoso entrenador analiza la realidad deportiva que le rodea. Es un modelo que pretende la convergencia de los deportistas a lo que él considera que es el criterio acertado para entender el deporte y cómo afrontar el trabajo en equipo. La no convergencia hacia ese modelo, esos ideales, supone una afrenta demasiado grande para el entrenador, que acaba por desautorizar a los jugadores y dejarlos, por decir alguna cosa suave, como inútiles.

“Esos jugadores tienen que reflexionar, incluso otros dentro del equipo que seguían un poco su estela, aunque sin llegar tan lejos, también. Lo tienen que tener claro ellos y sus familias, que a veces no son conscientes de lo que hacen sus hijos y no sólo consienten, sino que incluso protegen, esas actitudes diciendo que la decisión de apartar a estos chicos del equipo de forma injusta o inmerecida. En esos casos no forman a sus hijos, sino que los deforman.”

Parece que Imbroda se arme de talante pedagógico para arremeter con la tarea de decidir lo que más le interesa a estos jóvenes jugadores y a sus familias. Prosigue: “Creo, eso sí, que a estos jugadores les falta mentalidad de esfuerzo y que amen el baloncesto por encima de todo. Estas generaciones lo tienen todo, están muy consentidas.” Parece como si, en lugar de tratar de adaptarnos a los nuevos tiempos y cómo crecen las nuevas generaciones, simplemente tratásemos de imprimir el mismo sello de la autoridad del entrenador resabido que seguramente representa Imbroda.

Y en ningún momento entona Imbroda el mea culpa. Sin embargo, desviando al final el tema central de la entrevista (las relaciones humanas, la metodología del entrenador, la dinámica de grupo, cómo fijar los objetivos del equipo), sí que desvía la atención y comenta: “Yo he querido ir demasiado lejos en mi propuesta de juego. Quise dar más pasos adelante en el concepto de juego de los que podíamos asumir. Me tenía que haber conformado con menos cosas.” Saltar del tema central, cómo coordinamos grupos, a un tema secundario como el concepto de juego, me parece una burda técnica para evadir responsabilidades. Mucho se ensaña con los jugadores para luego dejar su imagen casi inmaculada.

Ya al final de la entrevista, Imbroda sigue con su discurso pedagógico, del que parece estar muy convencido e informado: “Los chicos de ahora tienen todos los medios y se trata de enseñarlos a valorar lo que tienen y lo que pueden llegar a hacer si trabajan. Sobre todo, a que valoren las cualidades humanas para pertenecer a un equipo. Y lo tenemos que hacer entre todos los estamentos, sin que haya ningún resquicio para que se cuele otra mentalidad.”

Después de todos estos argumentos, de toda esta retahíla de ideas, intenté revisar lo que Imbroda había dejado escrito en su libro. Y ojeando el libro encuentro un fragmento que me parece contradictorio con lo que ha venido diciendo Imbroda: “Muchos entrenadores juzgan demasiado rápido a los jugadores. Generalmente estos entrenadores no son buenos maestros porque lo único que consiguen es formarse rápidamente una idea muy superficial de lo que puede valer un jugador, y cuando éste no responde a sus planteamientos, lo descartan con gran facilidad. De esta forma se han estropeado muchos talentos potenciales que con otros métodos hubieran servido.” (2004:57)

La clave para mí está en la primera y en la última frase. Primero, que a veces se juzga con demasiada celeridad a los jugadores (recordemos la pregunta que ya hicimos: ¿es imprescindible que el entrenador juzgue a los jugadores?). Segundo, que a veces se estropean talentos por no saber encontrar la metodología adecuada para el grupo. Y entonces no resulta tan claro quien está “equivocado”, si el jugador o el entrenador.

Con el artículo que he escrito no quería atacar a Imbroda. Sólo he tratado de mostrar que algunas de la ideas que maneja, así como el “modelo mental” en su conjunto, me parece que ya no es operativo para afrontar los nuevos retos que nos plantean nuevas generaciones con nuevas mentalidades. Las respuestas a cómo gestionar estos grupos, desde una nueva perspectiva que debemos ir descubriendo, sólo la podremos encontrar a base de probar estrategias diferentes a las que hemos venido utilizando.

Bibliografía
- Imbroda, J. (2004) Si temes la soledad, no seas entrenador. Apuntes desde un banquillo. Madrid, Pearson Educación.
- Senge, P. (1992). La Quinta Disciplina. El arte y la práctica de la organización abierta al aprendizaje. Barcelona, Granica.