Esta jornada del campeonato en la Liga BBVA ha deparado dos estampas curiosamente similares. En los respectivos partidos del Real Madrid y el FC Barcelona hemos visto acciones en el juego, o bien en las celebraciones de los jugadores, que han sido calificadas por personas de los banquillos como inapropiadas.
Por un lado tenemos a Cristiano Ronaldo y una acción de juego ya con un 3-0 a favor. La acción, por innecesaria a los fines del juego, ha sido calificada por Michel, el entrenador rival, de este modo: "Los tres toques no me han gustado, soy un poco antiguo y esas cosas las considero innecesarias". Juzgad vosotros mismos viendo el video de la jugada.
Por su parte, Guardiola acomete contra sus pupilos Alves y Thiago, y dice de ellos: "Esos actos no son propios de jugadores del Barcelona, pedimos disculpas a la afición del Rayo Vallecano, no volverá a ocurrir". Puyol incluso interviene en la celebración del gol de Thiago, como podéis ver en el video del bailoteo.
Los otrora equipos enfrentados y vistos como antagónicos en la formas, así como en el juego desarrollado por cada uno de ellos, por lo visto este último fin de semana se parecen más de lo que algunos se esfuerzan en estipular. ¿Será que en el fondo unos y otros futbolistas no son tan distintos? ¿O es lo del Barça un desliz sin importancia?
Para completar el cuadro debemos decir que es San Guardiola el que pone en vereda a sus jugadores, y en el caso de Cristiano Ronaldo y sus toques, es el entrenador rival Míchel el que tiene la mosca bajo la nariz. Por lo demás, las situaciones que podemos contemplar no son muy distintas la una de la otra: en ambos casos pueden interpretarse por los equipos rivales, así como sus respectivas aficiones, como gestos de superioridad y ostentación ante el contrario ya abatido. En ambos casos preocupa que no sean gestos de humillación hacia los rivales. Sin embargo, ¿qué importa cuando los jugadores del Barça celebraban el gol juntos cómo se lo pudiesen tomar los rivales y sus aficiones? Al parecer, para Guardiola (incluso para Puyol, el capitán), mucho. ¿Y qué importa si Ronaldo le sale por darle 3, 4 o 5 toques antes de caer rodando por el césped?
Creo que no es necesario disculparse por celebrar un gol -incluso si San Guardiola no lo considere propio de un jugador del Barça-, ni tampoco sale a cuenta criticar a Ronaldo por sus toques. Sin embargo, siempre queda bien que no se de la sensación de ir de chulo, de sobrado. Ni a Mou ni a Ronaldo les quita el sueño eso; ya vemos que a Guardiola y a Puyol, y por rectificación forzada Alves y Thiago, sí que les preocupa... y mucho.
Estamos ya demasiado pendientes de eso de qué pensarán los otros. Lo podemos ver en las reacciones que acabo de comentar a una jugada y a una celebración, como también podemos leer entre líneas con medidas como la norma de cerrar el acta en el baloncesto, o bien el número máximo de goles que figuran en las clasifiaciones y resultados de los partidos de fútbol 7 en algunos Consells Esportius. A vueltas con las formas, nos preocupamos por que los niños no puedan perder de más 50 puntos en categoría infantil de baloncesto, ni que tampoco les puedan poner el resultado real de 22-2 en la web oficial del Consell, si no un 7-2 pasado por el mismo filtro que se debería aplicar con las estampas de Barça y Madrid.
Todo ello para evitar dar una imagen impropia, la de las celebraciones bailadas o bien de los toques de balón sin finalidad alguna para el juego. Lo que ocurre es que el mensaje es bien distinto si el que denuncia es el entrenador del equipo que ha cometido la acción o celebración impropia (como es Guardiola), o bien es el entrenador rival (como ocurre con Míchel). Está por ver si después de la afrenta cometida por Alves y Thiago, y siendo coherente con su discurso, Guardiola los deja fuera de la convocatoria o al menos en la suplencia los próximos partidos... incluída la final de Copa del Rey, ¿no os parece? Ya veremos si lo ocurrido en el Barça y sus bailoteos trae consecuencias, o sólo lo dice Guardiola de cara a la galería: quedan cuatro partidos oficiales, será buen estar al quite (si los quita).
diumenge, d’abril 29, 2012
PENDIENTES DE LAS FORMAS
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dimecres, d’abril 25, 2012
UN JUEGO QUE AGOTA
El Barça de Josep Guardiola ha quedado apeado de la Final de la Champions League por la gracia de un equipo bien guarnecido detrás, y con la idea entre ceja y ceja de sus delanteros de aprovechar las pocas ocasiones que tengan en el contraataque ante un equipo que duerme el balón. Drogba, Ramires y Torres han hecho inútiles las dianas de Busquets y Iniesta. El medio campo "tocador" del Barça ha sucumbido ante un equipo plagado de fajadores, de encajadores, y apenas algún jugador en punta que, a solas y sin apenas apoyo de los compañeros, han sabido fabricarse las pocas ocasiones de gol suficientes para pasar de manera clara a la Final de la Champions.
Quisiera jugar con el título del post: un juego que agota. Pienso en dos lecturas sobre esta frase. Por un lado, que (ver) el juego (del Barça) agota. Como espectador me agota ver cómo cuando los equipos plantan el autobús detrás le hacen la vida tan difícil al Barça, que no logra recomponer una idea de juego que pueda desbancar a las dos líneas defensivas muy bien armadas de los equipos rivales. Ayer el Chelsea montó una defensa primero con una línea de 5 y otra de 4, y Drogba en punta. Al cabo de un rato, línea de 4 delante y 5 detrás, por exigencias del guión (lesión de Cahill, expulsión de Terry). Ya en la recta final del partido, apenas 3 en la primera línea y ya con seis entre la frontal del área grande y el borde del área pequeña.
El Barça no podía encontrar resquicios, y aunque los encontró con los dos goles, sólo uno de los dos se produjo a partir de esas jugadas que tocan y tocan y tocan. El tanto de Iniesta se produjo en contraataque, como los tres goles que en la eliminatoria han conseguido el Chelsea. Así, el Chelsea consigue tres goles de contraataque por sólo uno del Barça, que debe sumar a la cuenta goleadora otro gol, este en una jugada de las de llevar el balón de un lado a otro. Por lo demás, ni la entrada de extremos para abrir el campo ni las jugadas de pared por el centro surtieron efecto alguno. La entrada de Keita era ya a la desesperada, buscando que rematase de cabeza algún centro. Un juego, sin embargo, al que el Barça no sabe jugar.
La segunda lectura de la frase se refiere al juego que Guardiola se lleva entre manos en relación a su renovación. Llevamos muchos meses con el tema a cuestas, y ahora que el Barça queda apeado de la Champions y tienen prácticamente perdida la liga desde el sábado, dos son los escenarios para este otro juego que agota. Primero: que Guardiola haga un arrebato de decir algo por el estilo de que "nos tenemos que levantar bien pronto, bien pronto por la mañana", y diga que estos reveses serán el acicate para hacerlo mejor la temporada que viene. Sin embargo, es muy remoto que Guardiola se confronte a las críticas que le puedan llover desde el barcelonismo, él que en los últimos años lo ha tenido todo de cara.
Segundo: que fruto de las severas derrotas contra Madrid y Chelsea, Guardiola precipite su salida del club. No sabemos que le ronda por la cabeza, pero lo que es seguro es que cada año se ha hecho de rogar (y este año el que más). Más ya no no se lo pueden pedir: lo han hecho los directivos, los jugadores, la afición. Si aún así no le sirve, puede que sólo estuviese esperando estos tropiezos para justificar una salida que, de otros modo, los aficionados hubieran considerado injustificada. Las derrotas y la pérdida de los campeonatos más importantes parece que, ya este año, avalarán las nuevas aventuras de Guardiola en Inglaterra, en otro país. La salida de Guardiola del Barça es, después de lo ocurrido estos últimos días, más probable (o según su particular manera de vendernos la moto, sería algo así como que su renovación es "más imposible"). Si se marcha, pondrá fin a un juego que agota.
Quisiera jugar con el título del post: un juego que agota. Pienso en dos lecturas sobre esta frase. Por un lado, que (ver) el juego (del Barça) agota. Como espectador me agota ver cómo cuando los equipos plantan el autobús detrás le hacen la vida tan difícil al Barça, que no logra recomponer una idea de juego que pueda desbancar a las dos líneas defensivas muy bien armadas de los equipos rivales. Ayer el Chelsea montó una defensa primero con una línea de 5 y otra de 4, y Drogba en punta. Al cabo de un rato, línea de 4 delante y 5 detrás, por exigencias del guión (lesión de Cahill, expulsión de Terry). Ya en la recta final del partido, apenas 3 en la primera línea y ya con seis entre la frontal del área grande y el borde del área pequeña.
El Barça no podía encontrar resquicios, y aunque los encontró con los dos goles, sólo uno de los dos se produjo a partir de esas jugadas que tocan y tocan y tocan. El tanto de Iniesta se produjo en contraataque, como los tres goles que en la eliminatoria han conseguido el Chelsea. Así, el Chelsea consigue tres goles de contraataque por sólo uno del Barça, que debe sumar a la cuenta goleadora otro gol, este en una jugada de las de llevar el balón de un lado a otro. Por lo demás, ni la entrada de extremos para abrir el campo ni las jugadas de pared por el centro surtieron efecto alguno. La entrada de Keita era ya a la desesperada, buscando que rematase de cabeza algún centro. Un juego, sin embargo, al que el Barça no sabe jugar.
La segunda lectura de la frase se refiere al juego que Guardiola se lleva entre manos en relación a su renovación. Llevamos muchos meses con el tema a cuestas, y ahora que el Barça queda apeado de la Champions y tienen prácticamente perdida la liga desde el sábado, dos son los escenarios para este otro juego que agota. Primero: que Guardiola haga un arrebato de decir algo por el estilo de que "nos tenemos que levantar bien pronto, bien pronto por la mañana", y diga que estos reveses serán el acicate para hacerlo mejor la temporada que viene. Sin embargo, es muy remoto que Guardiola se confronte a las críticas que le puedan llover desde el barcelonismo, él que en los últimos años lo ha tenido todo de cara.
Segundo: que fruto de las severas derrotas contra Madrid y Chelsea, Guardiola precipite su salida del club. No sabemos que le ronda por la cabeza, pero lo que es seguro es que cada año se ha hecho de rogar (y este año el que más). Más ya no no se lo pueden pedir: lo han hecho los directivos, los jugadores, la afición. Si aún así no le sirve, puede que sólo estuviese esperando estos tropiezos para justificar una salida que, de otros modo, los aficionados hubieran considerado injustificada. Las derrotas y la pérdida de los campeonatos más importantes parece que, ya este año, avalarán las nuevas aventuras de Guardiola en Inglaterra, en otro país. La salida de Guardiola del Barça es, después de lo ocurrido estos últimos días, más probable (o según su particular manera de vendernos la moto, sería algo así como que su renovación es "más imposible"). Si se marcha, pondrá fin a un juego que agota.
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dimecres, de març 28, 2012
UNA PRESENTACIÓ REEIXIDA
El dimarts 27 de març a les 19:00 vam fer la posada de llarg del meu nou llibre, Aprender a ganar, en un recinte agradable (Llibreria Alibri) i en bona companyia. Amics i amigues, professionals del ram de l'esport, i d'altres persones interessades en el tema educatiu van estar escoltant les meves cabòries durant una mitja hora aproximadament, donant després torn de paraula als assistents.
No recolliré aquí els detalls de la meva presentació, doncs anaven en una línia molt similar a un text anterior que he penjat al meu blog, així com a les línes mestres del llibre. Ara bé, algunes aportacions del públic mereixen un breu comentari, doncs penso que són elements que s'afegeixen i sumen a la causa que jo he volgut defensar en el meu llibre, la de recuperar el valor ètic i educatiu de la competició.
Un professor de secundària va lligar la idea de que "allò important és participar" amb la seva experiència amb esplais. Va fer referència a que aquesta lliçó que jo comento en el llibre, que era també una experiència viscuda per ell fa alguns anys. La reflexió estava en la línia de que hi havia punts en comú entre aquest discurs aplicat al món de l'esport (jo vaig puntualitzar que aquesta frase s'atribueix a Pierre de Coubertain), i altres realitats, com és el cas del lleure. En tots dos casos, la idea de fons és que amb participar n'hi ha prou, que no cal anar a més enllà, i que per tant no s'aspira al màxim, a ser un top.
Un psicòleg de l'esport i entrenador va comentar que a fi de comptes et trobes que els nanos van a competir, com també hi ha casos que van a fer amics. Com entrenador veus a què venen uns, a què venen als altres. I reflexionava sobre la necessitat de buscar un punt d'equilibri en tot plegat. Penso que és important escoltar-nos a la gent que fa l'activitat, i saber els seus objectius. Aquest psicòleg de l'esport va assenyalar com en alguns casos nens que practiquen esports d'equip s'acaben passant, fruit de la competitivitat que ells o els seus pares tenen, a un esport individual, per poder despuntar més (que només depengui del seu rendiment, i no dels altres).
Un altra persona, també lligada amb el molt de l'esplai i de l'escoltisme, va fer referència coma nivell educatiu es veu una moda en la qual la nota es diu que és menys important. Durant un temps no es valora el rendiment escolar, només el comenta si el nen o nena "progressa adequadament". La pregunta és: per quan deixem el mirar amb lupa els resultats acadèmics? I lligat amb això, què passa amb mirar només de passada el rendiment esportiu, i insistir en fixar-nos en la idea de que tothom ha de jugar als partits? Hi ha clares concomitàncies entre aquests àmbits: esport, escola, lleure.
Una altra assistent, en aquest cas provinent del món de la gimnàstica rítmica, va comentar que formava part d'un grup de treball en el qual es buscava moidificar reglamentacions per tal de protegir més a les nenes de 4 anys que fan aquest esport. La idea és que el reglament que se'ls aplica a les competicions els fa estar pendents del maquillatge, d'estar primes, dels brillantets del maiots... La reflexió era fins a quina edat calia aplicar normes que modifiquen la lògica adulta dels esports, per adaptar-la al món dels infants. La meva resposta és que en els esports d'equips hem carregat molt la balança del cantó de les adaptacions, i que ara crec que ha arribat el moment de des-regularitzar un seguit de situacions que han estat promogudes -pretesament, sense garanties pedagògiques de cap tipus- per "protegir" l'infant (norma d'alinació, límit de punts/gols de diferència). És evident per mi que aquest hauria de ser el camí en els miniesports, però no puc opinar sobre disciplines individuals en les quals potser no hi hagi hagut aquesta inflació de les modificacions i regulacions evers aquest ideal confús la "protecció".
A continuació van haver altres intervencions més, en un fecund diàleg a la sala. En acabat, després de fer un gotet de vi gentilesa de Bodegas Torres i de xerrar una estona més a peu dret, l'acte de presentació va concloure coincidint amb l'hora de tancament de la Llibreria Alibri, uns fantàstic amfitrions.
No recolliré aquí els detalls de la meva presentació, doncs anaven en una línia molt similar a un text anterior que he penjat al meu blog, així com a les línes mestres del llibre. Ara bé, algunes aportacions del públic mereixen un breu comentari, doncs penso que són elements que s'afegeixen i sumen a la causa que jo he volgut defensar en el meu llibre, la de recuperar el valor ètic i educatiu de la competició.
Un professor de secundària va lligar la idea de que "allò important és participar" amb la seva experiència amb esplais. Va fer referència a que aquesta lliçó que jo comento en el llibre, que era també una experiència viscuda per ell fa alguns anys. La reflexió estava en la línia de que hi havia punts en comú entre aquest discurs aplicat al món de l'esport (jo vaig puntualitzar que aquesta frase s'atribueix a Pierre de Coubertain), i altres realitats, com és el cas del lleure. En tots dos casos, la idea de fons és que amb participar n'hi ha prou, que no cal anar a més enllà, i que per tant no s'aspira al màxim, a ser un top.
Un psicòleg de l'esport i entrenador va comentar que a fi de comptes et trobes que els nanos van a competir, com també hi ha casos que van a fer amics. Com entrenador veus a què venen uns, a què venen als altres. I reflexionava sobre la necessitat de buscar un punt d'equilibri en tot plegat. Penso que és important escoltar-nos a la gent que fa l'activitat, i saber els seus objectius. Aquest psicòleg de l'esport va assenyalar com en alguns casos nens que practiquen esports d'equip s'acaben passant, fruit de la competitivitat que ells o els seus pares tenen, a un esport individual, per poder despuntar més (que només depengui del seu rendiment, i no dels altres).
Un altra persona, també lligada amb el molt de l'esplai i de l'escoltisme, va fer referència coma nivell educatiu es veu una moda en la qual la nota es diu que és menys important. Durant un temps no es valora el rendiment escolar, només el comenta si el nen o nena "progressa adequadament". La pregunta és: per quan deixem el mirar amb lupa els resultats acadèmics? I lligat amb això, què passa amb mirar només de passada el rendiment esportiu, i insistir en fixar-nos en la idea de que tothom ha de jugar als partits? Hi ha clares concomitàncies entre aquests àmbits: esport, escola, lleure.
Una altra assistent, en aquest cas provinent del món de la gimnàstica rítmica, va comentar que formava part d'un grup de treball en el qual es buscava moidificar reglamentacions per tal de protegir més a les nenes de 4 anys que fan aquest esport. La idea és que el reglament que se'ls aplica a les competicions els fa estar pendents del maquillatge, d'estar primes, dels brillantets del maiots... La reflexió era fins a quina edat calia aplicar normes que modifiquen la lògica adulta dels esports, per adaptar-la al món dels infants. La meva resposta és que en els esports d'equips hem carregat molt la balança del cantó de les adaptacions, i que ara crec que ha arribat el moment de des-regularitzar un seguit de situacions que han estat promogudes -pretesament, sense garanties pedagògiques de cap tipus- per "protegir" l'infant (norma d'alinació, límit de punts/gols de diferència). És evident per mi que aquest hauria de ser el camí en els miniesports, però no puc opinar sobre disciplines individuals en les quals potser no hi hagi hagut aquesta inflació de les modificacions i regulacions evers aquest ideal confús la "protecció".
A continuació van haver altres intervencions més, en un fecund diàleg a la sala. En acabat, després de fer un gotet de vi gentilesa de Bodegas Torres i de xerrar una estona més a peu dret, l'acte de presentació va concloure coincidint amb l'hora de tancament de la Llibreria Alibri, uns fantàstic amfitrions.
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divendres, de març 02, 2012
EL MUNDO NO ES UNA NURSERY
Estos días estoy de enhorabuena. He publicado ya mismo mi cuarto libro, que se titula Aprender a ganar y que, en esta ocasión, avala y publica Editorial Inde.
Me gusta cómo ha quedado el libro. Desde que lo escribí 2009 lo he ido reescribiendo, retocando, ampliando, mejorando. Ahora podéis ver el producto final en las librerías. Para más información, os ajunto el link con la ficha del libro en la página web de la editorial: podéis clicar aquí.
Temo que estamos caminando por una peligrosa pendiente: una en que se insiste que la infancia se debe proteger, se debe custodiar de los peligros de la vida real. La lógica del aprender a perder, un discurso propio de la Educación Física y el deporte en las décadas de 1980 y 1990, nos ha llevado a que en las décadas siguientes nos hayamos centrado enfermizamente, en la cultura deportiva, en la importancia que psicológicamente tiene perder.
Para no perder, se les propone a los niños jugar una competición descafeinada (desenfatizada, según César Torres y Peter Hager), una retahíla de juegos cooperativos y, más últimamente, deportes de nuevo cuño, como el colpbol. Ante este panorama casi me desespero, aunque pienso que es necesario que me mantenga sereno y firme en mi empeño: reivindicar la recuperación progresiva de la cultura competitiva entendida de una manera sana, y que yo enlazo con el lema de aprender a ganar.
Me gustaría que con la lectura del libro, los dirigentes deportivos abriesen los ojos y lograsen ver que estamos yendo demasiado allá en la protección de la infancia. De hecho, estoy convencido que estamos viviendo una inflacción excesiva de las medidas de protección, lo que acaba conduciendo -inevitablemente- a la sobreprotección y al paternalismo. Hay una serie de medidas que tienen relación con lo normativo, como puedan ser la norma de alineación generalizada en los minideportes, las normas de máximo de puntos/goles de diferencia entre equipos, o bien la prohibición de la defensa zonal en minibasket y en minibalonmano, que preceisamente muestran por los derroteros -esa peligrosa pendiente- por los que estamos llevando al deporte infantil.
Todo este cómputo general me parece un pastiche que difumina la sensación de autoría de los jugadores y entrenadores, que realiza un acercamiento repleto de prejuicios. Se duda del valor de la competición, tratanto de ensamblar una concepción educativa del deporte con una competición descafeinada, aunque se les vende a los jugadores que es una competición fidedigna. Ni por asomo estamos brindando a los niños competiciones que lo sean realmente, sino competiciones de cartón piedra con una pseudopedagogía.
Ante este panorma, me concierno con lo que está ocurriendo y planteo mis serias dudas por qué estemos yendo por el buen camino. Muchas cosas deberíamos cambiar si queremos asegurar unas buenas experiencias formativas en el deporte, y no una plaga de gestos benefactores, solidarios y condescendientes. Hay una búsqueda de la bondad en el deporte, una cruzada que raya con la obsesión de los religiosos que, en las Cruzadas, buscaban el Santo Grial. Para los que avalan los juegos cooperativos y las fórmulas de competición descafeinada, les propongo que echen un vistazo a mi libro. Pienso que, a fin de cuentas, es importante sumar personas a la causa de recuperar el valor de la competición exigente en el deporte, y también en el resto de ámbitos de la vida. Y es que, como recién he descubierto que dijo muy sabiamente Freud, el mundo no es una nursery.
Me gusta cómo ha quedado el libro. Desde que lo escribí 2009 lo he ido reescribiendo, retocando, ampliando, mejorando. Ahora podéis ver el producto final en las librerías. Para más información, os ajunto el link con la ficha del libro en la página web de la editorial: podéis clicar aquí.
Temo que estamos caminando por una peligrosa pendiente: una en que se insiste que la infancia se debe proteger, se debe custodiar de los peligros de la vida real. La lógica del aprender a perder, un discurso propio de la Educación Física y el deporte en las décadas de 1980 y 1990, nos ha llevado a que en las décadas siguientes nos hayamos centrado enfermizamente, en la cultura deportiva, en la importancia que psicológicamente tiene perder.
Para no perder, se les propone a los niños jugar una competición descafeinada (desenfatizada, según César Torres y Peter Hager), una retahíla de juegos cooperativos y, más últimamente, deportes de nuevo cuño, como el colpbol. Ante este panorama casi me desespero, aunque pienso que es necesario que me mantenga sereno y firme en mi empeño: reivindicar la recuperación progresiva de la cultura competitiva entendida de una manera sana, y que yo enlazo con el lema de aprender a ganar.
Me gustaría que con la lectura del libro, los dirigentes deportivos abriesen los ojos y lograsen ver que estamos yendo demasiado allá en la protección de la infancia. De hecho, estoy convencido que estamos viviendo una inflacción excesiva de las medidas de protección, lo que acaba conduciendo -inevitablemente- a la sobreprotección y al paternalismo. Hay una serie de medidas que tienen relación con lo normativo, como puedan ser la norma de alineación generalizada en los minideportes, las normas de máximo de puntos/goles de diferencia entre equipos, o bien la prohibición de la defensa zonal en minibasket y en minibalonmano, que preceisamente muestran por los derroteros -esa peligrosa pendiente- por los que estamos llevando al deporte infantil.
Todo este cómputo general me parece un pastiche que difumina la sensación de autoría de los jugadores y entrenadores, que realiza un acercamiento repleto de prejuicios. Se duda del valor de la competición, tratanto de ensamblar una concepción educativa del deporte con una competición descafeinada, aunque se les vende a los jugadores que es una competición fidedigna. Ni por asomo estamos brindando a los niños competiciones que lo sean realmente, sino competiciones de cartón piedra con una pseudopedagogía.
Ante este panorma, me concierno con lo que está ocurriendo y planteo mis serias dudas por qué estemos yendo por el buen camino. Muchas cosas deberíamos cambiar si queremos asegurar unas buenas experiencias formativas en el deporte, y no una plaga de gestos benefactores, solidarios y condescendientes. Hay una búsqueda de la bondad en el deporte, una cruzada que raya con la obsesión de los religiosos que, en las Cruzadas, buscaban el Santo Grial. Para los que avalan los juegos cooperativos y las fórmulas de competición descafeinada, les propongo que echen un vistazo a mi libro. Pienso que, a fin de cuentas, es importante sumar personas a la causa de recuperar el valor de la competición exigente en el deporte, y también en el resto de ámbitos de la vida. Y es que, como recién he descubierto que dijo muy sabiamente Freud, el mundo no es una nursery.
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divendres, de desembre 30, 2011
DIME QUE PSICOLOGÍA ELIGES, TE DIRÉ QUÉ ENTRENADOR ERES
No frecuento mucho los blogs de la página de la ACB, y sin embargo me he dejado seducir por el rótulo de uno de los posts recientes, que rezaba: La psicología en el deporte. Yo tengo una historia particular con la psicología: interés adolescente por el tema, estudios en la Facultad (sin acabar), ocho años colaborando con la Comisión y luego Sección de Psicología del Deporte del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña, infinidad de lecturas sobre el tema, algunos libros publicados (y por publicar) con un pie en la disciplina. Es por esto, y por otros motivos -como mi predilección por los asuntos relacionados con la dinámica grupal, la psicología social, el psicoanálisis- que me he animado a escribir sobre la psicología del deporte tal como la practica un entrenador de un equipo junior femenino.
Después de una introducción nombrando a los "grandes" (a saber, Scariolo, Guardiola, Mourinho), pasa a describir la escena del crimen. Y lo digo en estos término por que me parece criminal el grado de manipulación y confusión a los que somete a las jugadoras que entrena, y que luego se cerciora en asegurar que no pretende ser su amigo (ni falta que hace, se ha quedado antes bien a gusto liándola parda).
Todo empieza con un aparentemente inocuo comentario: "Las y los jóvenes se despistan con gran facilidad, cuesta mucho motivarlas por ello es clave planificar retos y temas al igual que entrenamientos y partidos." Bueno, puedo aceptar que los jóvenes se despistan, pero no más que los mayores, y además acostumbra a ser muy poco si les interesa lo que están haciendo. Por lo demás, ¿se tiene que motivar? ¿Motivar para qué? ¿Para jugar? ¿Para ganar?
La situación es la siguiente: antes de enfrentarse a un equipo con el que se había perdido en cuatro ocasiones la temporada anterior, además por un escaso margen, se enfrentaban primero a las líderes de la competición. Pierden y además por una diferencia muy considerable. Es entonces cuando se pone en marcha la maquinaria maquiavélica.
Después de calificar para nosotros los lectores -se supone que habrá llegado ese mismo mensaje a las jugadoras, de una u otra manera- a ese rival como "imposible de ganar", la cual cosa dice muy poco de la capacidad de cambio y mejora que advierte este entrenador en sus jugadoras -con mis equipos no pueden haber nunca partidos "imposibles de ganar"-, se pone en marcha para preparar la semana de ese partido clave. Al margen que yo no hablo con mis equipos después del partido, lo que propone aquí tiene delito, por que hay muchas maneras de hablar: "Lo malo es que lo hicimos [perder] de la peor forma posible y eso me enfureció. Era la excusa perfecta para conseguir lo que quería: ponerles las pilas, y ésta se presentó sin buscarla. Las cosas se dieron de tal manera que yo, con mis palabras y enfado postpartido en el vestuario, me convertí en el foco del enfado del grupo."
Es decir, que para cohesionar a las jugadoras lo mejor es ponértelas en contra tuya. Fantástico. La mejor manera que a este entrenador con tendencias manipuladoras se le ocurre "jugar" con las jugadoras es haciendo que se sientan avergonzadas de lo mal que han jugado, para que así reaccionen. Esto parte de esa filosofía que cuando un grupo se enfrenta a alguien, incluso al entrenador, eso les sirve para unirse.
Para mí, la finalidad nunca justifica los medios. Hay medios, hay formas de conseguir las cosas por las que yo no pienso transigir. No lo permito con mis jugadores (por ejemplo, que se insulten), como tampoco lo considero oportuno en mí (por ejemplo, presionar a los árbitros para "conseguir" algo a cambio). Aunque este entrenador nos advierte: "Sé que se enfadaron por mis formas y desde el primer entrenamiento de esa semana quisieron tener reunión. Por uno u otro motivo la fui eludiendo y aumentando el cabreo y cuando llegó aquella reunión no di mi brazo a torcer. Me había encontrado la excusa perfecta para que el equipo sintiera un punto de unión y orgullo, debían de demostrar que, aquel que les dijo que no venía a hacer amigas, era un tonto y que iban a callarme la boca. En definitiva, era ponerme en su contra para motivarlas."
Yo no hago la reunión o la dejo de hacer para irles cargando de rabia a los jugadores... De hecho, mi norma es que los jugadores pueden hablar del partido -si es que quieren- el primer día de entrenamiento de la semana, y durante un tiempo breve, del orden de 5 a 10 minutos. Las jugadoras de este equipo, en cambio, se van cabreando y cabreando, y con motivos... y cuando llega la espera reunión, el entrenador sigue en plan "puta" siendo el enemigo, siendo el que les toca las narices. Casi como los militares que aparecen en películas como Oficial y caballero, o en esa de Clint Eastwood en que interpreta al intructor de los novatos.
Con la manera cómo se ha preparado el terreno, no es de esperar otra cosa si no que siguiese en la misma línea cafre de yo soy el enemigo a batir. De hecho, nos dice: "Lógicamente antes del partido la charla fue muy sencilla y básicamente se resumió en "pensáis que estoy equivocado, pues salid allí y cerrarme la boca". Me gustaría pensar que llegamos a ir ganando por 20 puntos antes del descanso por aquellas palabras, pero sería sobrevalorar mi capacidad de manipular mentes (por mucho que alguno se empeñe en decir que yo manipulo, jejeje). Supongo que después de esa semanita de cuchillos voladores y algo más que tensión en los entrenes, el equipo salió muy motivado y con el punto de acierto necesario para ganar. Ojo, luego casi nos remontan, pero habíamos trabajado tan bien durante 20 minutos que el partido se había decidido antes."
Está claro que sí, que esta relación entrenador-jugadoras se basa en la manipulación, en el agravio, en realzar la sensación de culpabilidad de las jugadoras por haber perdido de manera abultada el partido anterior. Y todo con el "sano" objetivo (muy, muy entrecomillado) de conseguir una reacción, algo que a la postre casi se le gira en contra en la segunda parte. Aunque no hay de qué preocuparse (o precisamente sí lo hay): tarde o temprano la situación acabará explotando, y esta artimaña para ganar un partido contra un rival que había sido superior el año anterior, se acabará girando en contra del equipo.
La cosa ya ha pasado de azul oscuro, pero ¿qué más decir? Bueno, que la clausura del post no tiene tampoco desperdicio, después de haberse entronado como "manipulador" para volver a regodearse en ello: "Por cierto, como tampoco soy el ogro Shrek del baloncesto, la semana siguiente fue la del relax. Incluso jugué una pachanguita con ellas para que la que quisiera me diera un par de "palos" jugando. De eso se trata, de jugar al palo y la zanahoria.
La psicología es tan compleja que seguiré estudiando a los/las mejores, a los/las que tengo al lado como a los que están lejos para quizá algún día sí poder decir con orgullo que soy un psicólogo manipulador de colectivos.... de momento no paso de ser un mero aprendiz, jajaja."
Pues nada, que la "psicología es tan compleja" pero que a fin de cuentas se reduce a eso "de jugar al palo y la zanahoria". ¿Complejo es ponerte delante de la jugadoras para que te apedreen durante la semana como enemigo público número uno, de manera que luego quieran "demostrar" algo al entrenador en el partido, y que a fin de cuentas y después de todo ese maltrato psicológico -nunca mejor dicho- el entrenador se brinde a confundirse con las jugadoras, a simetrizarse con ellas, y haga una pachanga que "para que la que quisiera me diera un par de "palos" jugando"? Está claro, a ente entrenador le gusta que le den caña, le gusta ser el que se lleva los palos. Bueno, señores, si es para esto para lo que tenemos la psicología en el deporte, pues vamos arreglados.
Después de una introducción nombrando a los "grandes" (a saber, Scariolo, Guardiola, Mourinho), pasa a describir la escena del crimen. Y lo digo en estos término por que me parece criminal el grado de manipulación y confusión a los que somete a las jugadoras que entrena, y que luego se cerciora en asegurar que no pretende ser su amigo (ni falta que hace, se ha quedado antes bien a gusto liándola parda).
Todo empieza con un aparentemente inocuo comentario: "Las y los jóvenes se despistan con gran facilidad, cuesta mucho motivarlas por ello es clave planificar retos y temas al igual que entrenamientos y partidos." Bueno, puedo aceptar que los jóvenes se despistan, pero no más que los mayores, y además acostumbra a ser muy poco si les interesa lo que están haciendo. Por lo demás, ¿se tiene que motivar? ¿Motivar para qué? ¿Para jugar? ¿Para ganar?
La situación es la siguiente: antes de enfrentarse a un equipo con el que se había perdido en cuatro ocasiones la temporada anterior, además por un escaso margen, se enfrentaban primero a las líderes de la competición. Pierden y además por una diferencia muy considerable. Es entonces cuando se pone en marcha la maquinaria maquiavélica.
Después de calificar para nosotros los lectores -se supone que habrá llegado ese mismo mensaje a las jugadoras, de una u otra manera- a ese rival como "imposible de ganar", la cual cosa dice muy poco de la capacidad de cambio y mejora que advierte este entrenador en sus jugadoras -con mis equipos no pueden haber nunca partidos "imposibles de ganar"-, se pone en marcha para preparar la semana de ese partido clave. Al margen que yo no hablo con mis equipos después del partido, lo que propone aquí tiene delito, por que hay muchas maneras de hablar: "Lo malo es que lo hicimos [perder] de la peor forma posible y eso me enfureció. Era la excusa perfecta para conseguir lo que quería: ponerles las pilas, y ésta se presentó sin buscarla. Las cosas se dieron de tal manera que yo, con mis palabras y enfado postpartido en el vestuario, me convertí en el foco del enfado del grupo."
Es decir, que para cohesionar a las jugadoras lo mejor es ponértelas en contra tuya. Fantástico. La mejor manera que a este entrenador con tendencias manipuladoras se le ocurre "jugar" con las jugadoras es haciendo que se sientan avergonzadas de lo mal que han jugado, para que así reaccionen. Esto parte de esa filosofía que cuando un grupo se enfrenta a alguien, incluso al entrenador, eso les sirve para unirse.
Para mí, la finalidad nunca justifica los medios. Hay medios, hay formas de conseguir las cosas por las que yo no pienso transigir. No lo permito con mis jugadores (por ejemplo, que se insulten), como tampoco lo considero oportuno en mí (por ejemplo, presionar a los árbitros para "conseguir" algo a cambio). Aunque este entrenador nos advierte: "Sé que se enfadaron por mis formas y desde el primer entrenamiento de esa semana quisieron tener reunión. Por uno u otro motivo la fui eludiendo y aumentando el cabreo y cuando llegó aquella reunión no di mi brazo a torcer. Me había encontrado la excusa perfecta para que el equipo sintiera un punto de unión y orgullo, debían de demostrar que, aquel que les dijo que no venía a hacer amigas, era un tonto y que iban a callarme la boca. En definitiva, era ponerme en su contra para motivarlas."
Yo no hago la reunión o la dejo de hacer para irles cargando de rabia a los jugadores... De hecho, mi norma es que los jugadores pueden hablar del partido -si es que quieren- el primer día de entrenamiento de la semana, y durante un tiempo breve, del orden de 5 a 10 minutos. Las jugadoras de este equipo, en cambio, se van cabreando y cabreando, y con motivos... y cuando llega la espera reunión, el entrenador sigue en plan "puta" siendo el enemigo, siendo el que les toca las narices. Casi como los militares que aparecen en películas como Oficial y caballero, o en esa de Clint Eastwood en que interpreta al intructor de los novatos.
Con la manera cómo se ha preparado el terreno, no es de esperar otra cosa si no que siguiese en la misma línea cafre de yo soy el enemigo a batir. De hecho, nos dice: "Lógicamente antes del partido la charla fue muy sencilla y básicamente se resumió en "pensáis que estoy equivocado, pues salid allí y cerrarme la boca". Me gustaría pensar que llegamos a ir ganando por 20 puntos antes del descanso por aquellas palabras, pero sería sobrevalorar mi capacidad de manipular mentes (por mucho que alguno se empeñe en decir que yo manipulo, jejeje). Supongo que después de esa semanita de cuchillos voladores y algo más que tensión en los entrenes, el equipo salió muy motivado y con el punto de acierto necesario para ganar. Ojo, luego casi nos remontan, pero habíamos trabajado tan bien durante 20 minutos que el partido se había decidido antes."
Está claro que sí, que esta relación entrenador-jugadoras se basa en la manipulación, en el agravio, en realzar la sensación de culpabilidad de las jugadoras por haber perdido de manera abultada el partido anterior. Y todo con el "sano" objetivo (muy, muy entrecomillado) de conseguir una reacción, algo que a la postre casi se le gira en contra en la segunda parte. Aunque no hay de qué preocuparse (o precisamente sí lo hay): tarde o temprano la situación acabará explotando, y esta artimaña para ganar un partido contra un rival que había sido superior el año anterior, se acabará girando en contra del equipo.
La cosa ya ha pasado de azul oscuro, pero ¿qué más decir? Bueno, que la clausura del post no tiene tampoco desperdicio, después de haberse entronado como "manipulador" para volver a regodearse en ello: "Por cierto, como tampoco soy el ogro Shrek del baloncesto, la semana siguiente fue la del relax. Incluso jugué una pachanguita con ellas para que la que quisiera me diera un par de "palos" jugando. De eso se trata, de jugar al palo y la zanahoria.
La psicología es tan compleja que seguiré estudiando a los/las mejores, a los/las que tengo al lado como a los que están lejos para quizá algún día sí poder decir con orgullo que soy un psicólogo manipulador de colectivos.... de momento no paso de ser un mero aprendiz, jajaja."
Pues nada, que la "psicología es tan compleja" pero que a fin de cuentas se reduce a eso "de jugar al palo y la zanahoria". ¿Complejo es ponerte delante de la jugadoras para que te apedreen durante la semana como enemigo público número uno, de manera que luego quieran "demostrar" algo al entrenador en el partido, y que a fin de cuentas y después de todo ese maltrato psicológico -nunca mejor dicho- el entrenador se brinde a confundirse con las jugadoras, a simetrizarse con ellas, y haga una pachanga que "para que la que quisiera me diera un par de "palos" jugando"? Está claro, a ente entrenador le gusta que le den caña, le gusta ser el que se lleva los palos. Bueno, señores, si es para esto para lo que tenemos la psicología en el deporte, pues vamos arreglados.
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dilluns, de desembre 12, 2011
LA PRIMERA EN LA FRENTE
Ya lo decía yo que hay buenas y malas maneras de tomarse un lockout. El Real Madrid, ese equipo dirigido por Pablo Laso que caminaba con paso firme hasta hace escasas fechas, se dio de bruces contra una de las peores versiones de Estudiantes de los últimos años. Y es que un equipo con media de 65 puntos por partido, que ya ha perdido alguno de los encuentros de esta campaña por 50 puntos, le endosó al Real Madrid la friolera de 90. Incluso Antoine Wright parecía un jugador de baloncesto frente al equipo blanco.
Estamos frente a un caso evidente de cómo afecta a un equipo las bajas de jugadores mediada la temporada. Aunque Tomic diese un paso al frente en ataque, Velickovic aún no está de vuelta. Reyes estuvo gris excepto en algún rebote de ataque y canasta marca de la casa; Begic metió un buen mate por línea de fondo... y ya poco más. Mirotic venía de ser MVP en Euroliga, pero no mantuvo el nivel mostrado unos días antes. Y es que Ibaka es mucho Ibaka, y su rol no se distribuye de buenas a primeras entre los compañeros, aunque luzca a buen nivel un Tomic, por cierto venido a menos desde la llegada de Ibaka.
En el reemplazo de lo aportado por Rudy en su rol estamos en lo mismo. Con Carroll sin adaptarse a la titularidad de la misma manera que lucía como reserva hace pocos días, y Pocius inédito, Laso tiró de algunos minutos de Llull como escolta, y de un tiempo considerable de Singler en la pista. Suárez estuvo espeso y gris, como Felipe Reyes, inclusó cantó más que una almeja con ese triple librado a partir de una jugada de banda, y que no tocó ni el aro, que hubiera podido dar un vuelco a un final de partido en que Estudiantes tuvo miedo de ganar. Por tanto, ni el juego exterior ni el interior estuvieron a la altura del encuentro, probablemente encontrando a faltar a sus ya dos ex-estrellas NBA.
Veremos cómo Laso reconduce una situación que aparece en este partido, y que veremos cuánto tiempo continúa. Y es que la duda es más bien el tiempo que tardarán en volver a situar al grupo, que es un grupo nuevo fruto de adiciones y sustracciones varias, para que compita al nivel... al menos al mismo nivel que el Barça Regal. No dudo de que habrá titubeos como el del partido contra un Estu plagado de veteranos (De la Fuente, Gabriel y Carlos Jiménez estuvieron mucho tiempo en pista). Lo más probable es que el Real Madrid pase entre tres y cinco semanas para ajustar los nuevos roles que se tienen que reasignar con la salida de Rudy e Ibaka, así como la llegada de Singler y la reincorporación de Velickovic. Quizá para los dos o tres partidos últimos antes de la Copa de Rey pueda recomponerse un poco... ¿pero quién sacará las castañas del fuego en la Copa? ¿Qué podemos decir de los efectos menos evidentes, que pueden ser de más larga duración, como cuando se llega a finales ajustados? ¿Qué pasará con la distribución de los liderazgos? ¿Quiénes serán los saboteadores?
Un último tema que me gustaría mencionar, relacionado en este caso con los nuevos jugadores que llegan y juegan. Pasó con Ibaka, sin entrenar apenas. Ha pasado de nuevo con Singler. Me parece preocupante que los equipos deportivos, en base a las decisiones de sus entrenadores, "confíen" la suerte de todo el equipo a los recién llegados... Lo vimos en pretemporada del Barça con Cesc jugando sin apenas haber entrenado, pasando por delante de los ya consolidados en el vestuario. Y lo vemos, cada vez más, en el baloncesto como lo vemos en el fútbol. Me preocupa que los entrenadores de baloncesto nos estemos "futbolizando" con eso de poner a jugar a jugadores que no conocen las pautas y patrones de juego propios del equipo... pues una cosa es saberse un par de sistemas de ataque, y otra bien distinta que un jugador sea conocedor del grupo, de sus patrones, de su forma de funcionar, etc. por el tiempo que lleva entrenando con sus compañeros. Y los que han entrenado dos días o menos no saben nada de todo eso.
Estamos frente a un caso evidente de cómo afecta a un equipo las bajas de jugadores mediada la temporada. Aunque Tomic diese un paso al frente en ataque, Velickovic aún no está de vuelta. Reyes estuvo gris excepto en algún rebote de ataque y canasta marca de la casa; Begic metió un buen mate por línea de fondo... y ya poco más. Mirotic venía de ser MVP en Euroliga, pero no mantuvo el nivel mostrado unos días antes. Y es que Ibaka es mucho Ibaka, y su rol no se distribuye de buenas a primeras entre los compañeros, aunque luzca a buen nivel un Tomic, por cierto venido a menos desde la llegada de Ibaka.
En el reemplazo de lo aportado por Rudy en su rol estamos en lo mismo. Con Carroll sin adaptarse a la titularidad de la misma manera que lucía como reserva hace pocos días, y Pocius inédito, Laso tiró de algunos minutos de Llull como escolta, y de un tiempo considerable de Singler en la pista. Suárez estuvo espeso y gris, como Felipe Reyes, inclusó cantó más que una almeja con ese triple librado a partir de una jugada de banda, y que no tocó ni el aro, que hubiera podido dar un vuelco a un final de partido en que Estudiantes tuvo miedo de ganar. Por tanto, ni el juego exterior ni el interior estuvieron a la altura del encuentro, probablemente encontrando a faltar a sus ya dos ex-estrellas NBA.
Veremos cómo Laso reconduce una situación que aparece en este partido, y que veremos cuánto tiempo continúa. Y es que la duda es más bien el tiempo que tardarán en volver a situar al grupo, que es un grupo nuevo fruto de adiciones y sustracciones varias, para que compita al nivel... al menos al mismo nivel que el Barça Regal. No dudo de que habrá titubeos como el del partido contra un Estu plagado de veteranos (De la Fuente, Gabriel y Carlos Jiménez estuvieron mucho tiempo en pista). Lo más probable es que el Real Madrid pase entre tres y cinco semanas para ajustar los nuevos roles que se tienen que reasignar con la salida de Rudy e Ibaka, así como la llegada de Singler y la reincorporación de Velickovic. Quizá para los dos o tres partidos últimos antes de la Copa de Rey pueda recomponerse un poco... ¿pero quién sacará las castañas del fuego en la Copa? ¿Qué podemos decir de los efectos menos evidentes, que pueden ser de más larga duración, como cuando se llega a finales ajustados? ¿Qué pasará con la distribución de los liderazgos? ¿Quiénes serán los saboteadores?
Un último tema que me gustaría mencionar, relacionado en este caso con los nuevos jugadores que llegan y juegan. Pasó con Ibaka, sin entrenar apenas. Ha pasado de nuevo con Singler. Me parece preocupante que los equipos deportivos, en base a las decisiones de sus entrenadores, "confíen" la suerte de todo el equipo a los recién llegados... Lo vimos en pretemporada del Barça con Cesc jugando sin apenas haber entrenado, pasando por delante de los ya consolidados en el vestuario. Y lo vemos, cada vez más, en el baloncesto como lo vemos en el fútbol. Me preocupa que los entrenadores de baloncesto nos estemos "futbolizando" con eso de poner a jugar a jugadores que no conocen las pautas y patrones de juego propios del equipo... pues una cosa es saberse un par de sistemas de ataque, y otra bien distinta que un jugador sea conocedor del grupo, de sus patrones, de su forma de funcionar, etc. por el tiempo que lleva entrenando con sus compañeros. Y los que han entrenado dos días o menos no saben nada de todo eso.
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dissabte, de desembre 03, 2011
TRES BUENAS MANERAS DE TOMARSE UN LOCKOUT
Tras meses de incertidumbre, desde hace ya algunos días sabemos que la NBA se pondrá en marcha -prácticamente como regalo de Navidad- el día 25 de diciembre. La cuenta atrás ya ha empezado, y los jugadores que habían venido a "hacer las Américas" (en este caso algunos "descubrían" Europa, y no el continente americano) se apresuran a hacer las maletas. Uno de los ejemplos más destornillantes habrá sido ese visto y no visto de Goran Dragic en Vitoria, aunque la breve estancia de Splitter en Valencia tampoco da para mucho, a pesar de su indudable liderazgo en un par de choques ligueros y el dejar la puerta abierta a volver... a Europa.
Yo soy del parecer que equipos como el Barça Regal o el Panathinaikos han acertado con el planteamiento de no querer contar con estrellas de la NBA mientras no se sabía que ocurriría con el lockout. Los grupos pasan por un bache emocional siempre que no se sabe si van a seguir juntos o no. Por super-profesionales que sean, los jugadores no rinden lo mismo sabiendo que en una semana pueden estar fuera, ni tampoco los que tienen contrato en Europa para todo el año no podemos garantizar que no les quede mal cuerpo. De hecho, los que ahora se irán han tenido que jugar con la incetidumbre de dónde estarían la semana siguiente, pero los que no tenían planes de marcharse a media campaña tendrán que hacer el proceso de duelo por los que se hayan ido. Ya veremos como capean el temporal las próximas semanas el Real Madrid sin Ibaka ni Rudy, a pesar de sumar al prometedor Singler; también podemos sacar conclusiones de la temprana eliminación de la Euroliga del faraónico proyecto de Scariolo en Milán, Gallinari de por medio.
A estos dos equipos que he mencionado antes, Regal Barça y Panathinaikos, me gustaría añadir también el CSKA. El caso Kirilenko es particular y distinto a muchos de los otros jugadores NBA que han venido a Europa. Kirilenko vuelve a su equipo de origen, a su país de origen, y con la posibilidad de decidir si quiere quedarse todo el año dada su condición de agente libre. Marc Gasol -creo que en las mismas condiciones contractuales allí que Kirilenko- podría haber hecho lo mismo: jugar en Barcelona (o en otro sitio), y decidir luego si completar la temporada, o bien marcharse. Lo importante en el caso Kirilenko, además de ir a un sitio conocido, es que tiene la última palabra de poder seguir. Además, me parece muy sano que el presidente del CSKA le haya puesto una fecha límite para que se decida: vemos todas las cartas sobre la mesa.
Mis planteamientos favoritos en la dirección deportiva de los tres equipos que han optado por no fichar jugadores con "cláusula de salida con el cese del lockout" han sido:
Primero: Panathinaikos. Obradovic no se la juega, no hace inventos. Quiere tener a sus jugadores que pueden fichar en el club, tengan más o menos dinero, pero siempre para todo el año. Se atreve, en los años de bonanza económica en Grecia, a tener plantillas de 13 y 14 jugadores, dejando en ocasiones al resolutivo Drew Nicholas -entre otros- fuera de la convocatoria. Chapeau para el maestro Obradovic, que a pesar de que el baloncesto heleno esté de rebajas, ha conseguido mantener a Diamantidis, que ya es mucho, y ha vestido el resto del equipo con garantías.
Segundo: Barça Regal. Joan Creus y Xavi Pascual no han querido escuchar cantos de sirena. Han hecho una plantilla de 12 para Euroliga y descartando a un jugador que no sea formado en clubs ACB cada jornada de la Liga Endesa. Ese es su modelo de plantilla este año, y no se han vuelto locos por las fluctuaciones del mercado. Sin embargo, el hecho de permitir a los hermanos Gasol entrenar con el equipo puede parecer un gesto amigable, pero no exento de riesgos. La competencia entre jugadores con ficha y los que no tienen ficha a veces puede ser fuente de conflictos, como también la intensidad esperable del que se tienen que ganar el puesto, y los que no. Además, en las idas y venidas de los Gasol a EE.UU. para eso de cotizar allí al menos una vez al mes, daba la impresión más de que iban al gimnasio a mantenerse en forma que no a formar parte de la disciplina de un equipo. Por las informaciones disponibles, tanto iban a algunas sesiones como se ausentaban de otras, fruto de compromisos publicitarios o de otro tipo. Esto siempre puede crear malestar entre los que llevan todo el tute desde prinicipio de pretemporada.
Tercero: CSKA. Al margen de Kirilenko y lo que pueda hacer, el fichaje de Teodosic ha sido uno de los grandes aciertos, como también el de Krstic. El núcleo de jugadores rusos de ha ido ampliando, con agradables sorpresas como Shved y Vorontsevich. Por lo tanto, y a la espera de la decisión de Kirilenko, el equipo está la mar de bien ensamblado, con un buen trabajo de Kazlaukas después de su paso más bien discreto por el banquillo de la selección china. Ahora bien, si Kirilenko decide irse, van a tener que pasar la fase de duelo por su partida e ir ajustando los roles a la nueva realidad grupal, es decir, al nuevo grupo que se conforma con la baja de un jugador, sea Kirilenko o el que hace número 12, 13 o 14 de la plantilla.
Tres excelentes equipos de baloncesto, tres muy buenos entrenadores, tres direcciones deportivas que han tomado decisiones meditadas y con puntos en común las unas con las otras, aunque también con algunas diferencias significativas. Pongo la mano en el fuego que al menos dos de estos tres equipos, si no los tres, estarán en la Final Four, y no sólo por el talento que reúnen en sus respectivas plantillas, si no también por las sabias decisiones que se han tomado en los despachos descartando fichajes rutilantes, pero por una estancia incierta, que podía ir de una semana hasta dos o tres meses, o quizá toda la temporada. Está claro que hay siempre fichajes de renombre que poder hacer, más si estábamos en año de lockout... pero ya se sabe lo que reza el dicho: pan para hoy y hambre para mañana.
Yo soy del parecer que equipos como el Barça Regal o el Panathinaikos han acertado con el planteamiento de no querer contar con estrellas de la NBA mientras no se sabía que ocurriría con el lockout. Los grupos pasan por un bache emocional siempre que no se sabe si van a seguir juntos o no. Por super-profesionales que sean, los jugadores no rinden lo mismo sabiendo que en una semana pueden estar fuera, ni tampoco los que tienen contrato en Europa para todo el año no podemos garantizar que no les quede mal cuerpo. De hecho, los que ahora se irán han tenido que jugar con la incetidumbre de dónde estarían la semana siguiente, pero los que no tenían planes de marcharse a media campaña tendrán que hacer el proceso de duelo por los que se hayan ido. Ya veremos como capean el temporal las próximas semanas el Real Madrid sin Ibaka ni Rudy, a pesar de sumar al prometedor Singler; también podemos sacar conclusiones de la temprana eliminación de la Euroliga del faraónico proyecto de Scariolo en Milán, Gallinari de por medio.
A estos dos equipos que he mencionado antes, Regal Barça y Panathinaikos, me gustaría añadir también el CSKA. El caso Kirilenko es particular y distinto a muchos de los otros jugadores NBA que han venido a Europa. Kirilenko vuelve a su equipo de origen, a su país de origen, y con la posibilidad de decidir si quiere quedarse todo el año dada su condición de agente libre. Marc Gasol -creo que en las mismas condiciones contractuales allí que Kirilenko- podría haber hecho lo mismo: jugar en Barcelona (o en otro sitio), y decidir luego si completar la temporada, o bien marcharse. Lo importante en el caso Kirilenko, además de ir a un sitio conocido, es que tiene la última palabra de poder seguir. Además, me parece muy sano que el presidente del CSKA le haya puesto una fecha límite para que se decida: vemos todas las cartas sobre la mesa.
Mis planteamientos favoritos en la dirección deportiva de los tres equipos que han optado por no fichar jugadores con "cláusula de salida con el cese del lockout" han sido:
Primero: Panathinaikos. Obradovic no se la juega, no hace inventos. Quiere tener a sus jugadores que pueden fichar en el club, tengan más o menos dinero, pero siempre para todo el año. Se atreve, en los años de bonanza económica en Grecia, a tener plantillas de 13 y 14 jugadores, dejando en ocasiones al resolutivo Drew Nicholas -entre otros- fuera de la convocatoria. Chapeau para el maestro Obradovic, que a pesar de que el baloncesto heleno esté de rebajas, ha conseguido mantener a Diamantidis, que ya es mucho, y ha vestido el resto del equipo con garantías.
Segundo: Barça Regal. Joan Creus y Xavi Pascual no han querido escuchar cantos de sirena. Han hecho una plantilla de 12 para Euroliga y descartando a un jugador que no sea formado en clubs ACB cada jornada de la Liga Endesa. Ese es su modelo de plantilla este año, y no se han vuelto locos por las fluctuaciones del mercado. Sin embargo, el hecho de permitir a los hermanos Gasol entrenar con el equipo puede parecer un gesto amigable, pero no exento de riesgos. La competencia entre jugadores con ficha y los que no tienen ficha a veces puede ser fuente de conflictos, como también la intensidad esperable del que se tienen que ganar el puesto, y los que no. Además, en las idas y venidas de los Gasol a EE.UU. para eso de cotizar allí al menos una vez al mes, daba la impresión más de que iban al gimnasio a mantenerse en forma que no a formar parte de la disciplina de un equipo. Por las informaciones disponibles, tanto iban a algunas sesiones como se ausentaban de otras, fruto de compromisos publicitarios o de otro tipo. Esto siempre puede crear malestar entre los que llevan todo el tute desde prinicipio de pretemporada.
Tercero: CSKA. Al margen de Kirilenko y lo que pueda hacer, el fichaje de Teodosic ha sido uno de los grandes aciertos, como también el de Krstic. El núcleo de jugadores rusos de ha ido ampliando, con agradables sorpresas como Shved y Vorontsevich. Por lo tanto, y a la espera de la decisión de Kirilenko, el equipo está la mar de bien ensamblado, con un buen trabajo de Kazlaukas después de su paso más bien discreto por el banquillo de la selección china. Ahora bien, si Kirilenko decide irse, van a tener que pasar la fase de duelo por su partida e ir ajustando los roles a la nueva realidad grupal, es decir, al nuevo grupo que se conforma con la baja de un jugador, sea Kirilenko o el que hace número 12, 13 o 14 de la plantilla.
Tres excelentes equipos de baloncesto, tres muy buenos entrenadores, tres direcciones deportivas que han tomado decisiones meditadas y con puntos en común las unas con las otras, aunque también con algunas diferencias significativas. Pongo la mano en el fuego que al menos dos de estos tres equipos, si no los tres, estarán en la Final Four, y no sólo por el talento que reúnen en sus respectivas plantillas, si no también por las sabias decisiones que se han tomado en los despachos descartando fichajes rutilantes, pero por una estancia incierta, que podía ir de una semana hasta dos o tres meses, o quizá toda la temporada. Está claro que hay siempre fichajes de renombre que poder hacer, más si estábamos en año de lockout... pero ya se sabe lo que reza el dicho: pan para hoy y hambre para mañana.
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dimecres, d’octubre 26, 2011
"LAS PASARÁS CANUTAS PARA MARCAR", LE DIJO MARCELINO A GUARDIOLA
Después de enjabonar al técnico blaugrana en la semana previa al Barça - Sevilla agradeciéndole por haber podido presenciar los entrenamientos del Barça, vimos que el aprendiz había tomado buenos apuntes y le dio un baño defensivo al maestro. Desde el Inter de Mourinho en la ya célebre vuelta de semis de la Champions -sí, la de los aspersores-, pocos equipos se habían puesto tan bien atrás para parar la avalancha de juego ofensivo de los de Pep.
Las claves fueron ponerle a un Barça repleto de jugones, pero casi siempre sin extremos, una defensa bien puesta y bien tupida en el corredor central de la cancha, lo que podríamos decir el trozo de campo que se delimita en la frontal del área grande. Al no usar las bandas, el Barça fue a chocar cada vez con una defensa bien organizada, que a diferencia de esa misma semana con la visita europea del Viktoria Pilsen, no habían dudas si no claridad de conceptos y mucha actividad (muchas "piernas", que diríamos en baloncesto).
Marcelino dispuso una defensa de dos líneas, en las que como elemento primordial estaba el aguntar el uno contra uno a los jugadores del Barça, y asegurar que por detrás hubiese al menos un jugador bien posicionado para ayudar. No hubo muchas situaciones claras de romper en el uno contra uno en el partido dada la gran entrega y entereza defensiva en la faceta del uno contra uno, pero a pesar de ello Marcelino quería evitar esas dos o tres jugadas en que el talento pudiese doblegar a sus discípulos.
Lo básico del partido fue eso: Marcelino no quería ver ni en pintura un regate cómodo del rival, y sus jugadores debían aguantar el envite del ataque azulgrana. Cada jugada de uno contra uno tenía detrás un respaldo defensivo, ya fuese para disuadir del regate hacia el centro, o bien para convertirlo en un bosque de piernas y, por tanto, en tarea prácticamente imposible.
Y el Barça, con Guardiola a la cabeza, cayó en el a estrategia del embudo de Marcelino. El Sevilla dejaba paso franco por las bandas, pero el Barça renunciaba a jugarlas. Cuando no hay un delentero centro corpulento ni centrales de envergadura, el Barça desiste de jugar por las bandas. Tanto que ni siquiera las pisa. Alves gusta de ir enseguida hacia la portería en lugar de alargar el campo para buscar un centro al área. Abidal sube de manera tímida, y cuando lo hace de manera decidida, a menudo no le dan en balón en profundidad.
Es así como el juego preciosista del Barça, el juego de ataque repleto de jugones, se ve obnubilado en su pléyade de talento... pues es una cuestión física que por dónde no hay espacios libres, no se puede pasar. El Barça que tanto gusta a la parroquia barcelonista y también a un buen puñado de rivales, se harta se jugar por el centro, al toque y con pases cada vez en menos espacio, pero en ocasiones cae en esa embriaguez conocida del "jogo bonito".
No descubriremos ahora las virtudes del juego del Barça de Guardiola. Aunque con equipos bien armados detrás, como este caso el Sevilla de Marcelino, le hacen subir los colores al todopoderoso Barça. ¿Y cómo lo hacen? Muy claro: taponando el centro de la cancha, colapsando espacios, esperando atrás y cuando lo atacantes del Barça encaran portería, no permitiendo ningún regate fácil. A sabiendas que el Barça no marca apenas goles desde fuera del área, ni tampoco después de carrerón por la banda y centro, ¿qué más queda en consideración? Ah, sí, que al Barça (dicen que especialmente a Messi) no le pitan los penaltis a favor. Así que con la pelota dividida, hay que lanzarse a por ella, aún a riesgo de que señalen la pena máxima.
Dos menciones adicionales. Primero y más importante: Javi Varas, excelso. Segundo: Kanouté consiguió despistar a Messi. Únicamente decir que antes del encontronazo con Cesc, el jugador sevillista hubiera merecido la segundo cartulina amarilla. La secuencia fue la siguiente: Kanouté merodea el punto de penalti cuando Messi ya ha dejado preparado el balón y se dispone a chutar, a lo que Iturralde le saca la amarilla. Mientras Iturralde apunta la targeta, baja la mirada y no ve -o no sanciona- una nueva acción irreglamentaria de Kanouté, que toca el balón del punto de penalti. Por tanto, Kanouté hubiera tenido que ir a la calle por la segunda amarilla, que Iturralde no vio o no quiso sacar.
De esta manera fue como el Sevilla plantó cara al Barça: con el planteo defensivo de Marcelino y con las argucias psicológicas de Kanouté. Claro que el esfuerzo de esas dos líneas defensivas no hibiera sido tan meritorio sin la inconmensurable actuación del joven y menudo Javi Varas. Volviendo al elogio de la defensa numantina del Sevilla, si el Viktoria Pilsen fue un queso gruyere en el apartado defensivo, el Sevilla fue un queso brie o camembert, que son pastosos. O fueron como una fondeu de queso, en las que primero el queso es líquido y, a medida que pasa la noche, cada vez se solidifica más, se espesa de tal modo que lo atrapa todo dentro. Así es como languideció el ataque azulgrana, con un alarde de espesor y brillantez de Marcelino.
Las claves fueron ponerle a un Barça repleto de jugones, pero casi siempre sin extremos, una defensa bien puesta y bien tupida en el corredor central de la cancha, lo que podríamos decir el trozo de campo que se delimita en la frontal del área grande. Al no usar las bandas, el Barça fue a chocar cada vez con una defensa bien organizada, que a diferencia de esa misma semana con la visita europea del Viktoria Pilsen, no habían dudas si no claridad de conceptos y mucha actividad (muchas "piernas", que diríamos en baloncesto).
Marcelino dispuso una defensa de dos líneas, en las que como elemento primordial estaba el aguntar el uno contra uno a los jugadores del Barça, y asegurar que por detrás hubiese al menos un jugador bien posicionado para ayudar. No hubo muchas situaciones claras de romper en el uno contra uno en el partido dada la gran entrega y entereza defensiva en la faceta del uno contra uno, pero a pesar de ello Marcelino quería evitar esas dos o tres jugadas en que el talento pudiese doblegar a sus discípulos.
Lo básico del partido fue eso: Marcelino no quería ver ni en pintura un regate cómodo del rival, y sus jugadores debían aguantar el envite del ataque azulgrana. Cada jugada de uno contra uno tenía detrás un respaldo defensivo, ya fuese para disuadir del regate hacia el centro, o bien para convertirlo en un bosque de piernas y, por tanto, en tarea prácticamente imposible.
Y el Barça, con Guardiola a la cabeza, cayó en el a estrategia del embudo de Marcelino. El Sevilla dejaba paso franco por las bandas, pero el Barça renunciaba a jugarlas. Cuando no hay un delentero centro corpulento ni centrales de envergadura, el Barça desiste de jugar por las bandas. Tanto que ni siquiera las pisa. Alves gusta de ir enseguida hacia la portería en lugar de alargar el campo para buscar un centro al área. Abidal sube de manera tímida, y cuando lo hace de manera decidida, a menudo no le dan en balón en profundidad.
Es así como el juego preciosista del Barça, el juego de ataque repleto de jugones, se ve obnubilado en su pléyade de talento... pues es una cuestión física que por dónde no hay espacios libres, no se puede pasar. El Barça que tanto gusta a la parroquia barcelonista y también a un buen puñado de rivales, se harta se jugar por el centro, al toque y con pases cada vez en menos espacio, pero en ocasiones cae en esa embriaguez conocida del "jogo bonito".
No descubriremos ahora las virtudes del juego del Barça de Guardiola. Aunque con equipos bien armados detrás, como este caso el Sevilla de Marcelino, le hacen subir los colores al todopoderoso Barça. ¿Y cómo lo hacen? Muy claro: taponando el centro de la cancha, colapsando espacios, esperando atrás y cuando lo atacantes del Barça encaran portería, no permitiendo ningún regate fácil. A sabiendas que el Barça no marca apenas goles desde fuera del área, ni tampoco después de carrerón por la banda y centro, ¿qué más queda en consideración? Ah, sí, que al Barça (dicen que especialmente a Messi) no le pitan los penaltis a favor. Así que con la pelota dividida, hay que lanzarse a por ella, aún a riesgo de que señalen la pena máxima.
Dos menciones adicionales. Primero y más importante: Javi Varas, excelso. Segundo: Kanouté consiguió despistar a Messi. Únicamente decir que antes del encontronazo con Cesc, el jugador sevillista hubiera merecido la segundo cartulina amarilla. La secuencia fue la siguiente: Kanouté merodea el punto de penalti cuando Messi ya ha dejado preparado el balón y se dispone a chutar, a lo que Iturralde le saca la amarilla. Mientras Iturralde apunta la targeta, baja la mirada y no ve -o no sanciona- una nueva acción irreglamentaria de Kanouté, que toca el balón del punto de penalti. Por tanto, Kanouté hubiera tenido que ir a la calle por la segunda amarilla, que Iturralde no vio o no quiso sacar.
De esta manera fue como el Sevilla plantó cara al Barça: con el planteo defensivo de Marcelino y con las argucias psicológicas de Kanouté. Claro que el esfuerzo de esas dos líneas defensivas no hibiera sido tan meritorio sin la inconmensurable actuación del joven y menudo Javi Varas. Volviendo al elogio de la defensa numantina del Sevilla, si el Viktoria Pilsen fue un queso gruyere en el apartado defensivo, el Sevilla fue un queso brie o camembert, que son pastosos. O fueron como una fondeu de queso, en las que primero el queso es líquido y, a medida que pasa la noche, cada vez se solidifica más, se espesa de tal modo que lo atrapa todo dentro. Así es como languideció el ataque azulgrana, con un alarde de espesor y brillantez de Marcelino.
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